Pensé que a los cuarenta comenzaría a vivir, "ni muy viejo, ni muy joven", era mi sentir. Pero tarde me di cuenta que era tiempo de detenerme a escuchar lo que una rodilla me tenía que enseñar. Las escaleras debo subir, aunque con dolor, y la panza bajar, para poder ligero avanzar. La ciática no se debe activar, con movimientos juveniles, que muy a mi pesar, ya no puedo realizar. ¡No estoy viejo!... pero tampoco joven. ¡Soy adulto!, y eso me provoca mis miedos afuera echar. Que se vayan, porque al final, ¡ya qué! Debo servir, y servir más allá de mi zona de comodidad. Dios, ¿puedes tu emplear a un adulto regular? ¡Claro!, si a un animal hiciste hablar a Balaam, puedes utilizarme para algo enseñar, a quien esté dispuesto a aprender un poco más. Yván Balabarca C. (27/12/14)