ABRE MIS OJOS SEÑOR



Isaías 44:19 “No discurre para consigo, no tiene sentido ni entendimiento para decir: Parte de esto quemé en el fuego, y sobre sus brasas cocí pan, asé carne, y la comí. ¿Haré del resto de él una abominación? ¿Me postraré delante de un tronco de árbol?”.

“En los tiempos de Isaías, la idolatría misma ya no provocaba sorpresa. Las prácticas inicuas habían llegado a prevalecer de tal manera entre todas las clases que los pocos que permanecían fieles a Dios estaban a menudo a punto de ceder al desaliento y la desesperación...” (La verdad acerca de los ángeles, 139).

Increíble. Estamos hablando del Pueblo de Dios!, el pueblo en quienes laboraban los profetas! Aquellos que expectaban lo que hoy leemos en las sagradas escrituras!. Pues sí. Es el pueblo de Dios de quien se dice que estaba tan comprometido con la idolatría que esta abominable práctica se había vuelto común. A veces lo común pasa a ser considerado “normal”. Pero no se confunda. Para Dios lo común no necesariamente es normal.

El que muchos estén equivocados no sacraliza al pecado ni al pecador.

Hoy tenemos algo mejor que un profeta, tenemos 66 escritos de profetas, reyes, investigadores, que escribieron la Palabra de Dios. Tenemos la suficiente luz como para no caer en los mismo pecados del pueblo en el pasado. Además, como iglesia adventista, tenemos la luz menor, que nos guía en situaciones particulares.

¿Será que hoy también podemos caer en el pecado de la idolatría? ¿Será que nuestro corazón y afectos no están en Dios y lo estamos brindando a otro proceso, persona o sustancia? ¿y si así fuese, estaríamos en la condición de darnos cuenta de nuestro error?


Hoy roguemos a Dios nos unja los ojos con colirio para poder ver donde está nuestro corazón. Hoy roguemos para que podamos ver, y no solo eso, sino corregir nuestros caminos.

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