HAY QUE PONER POR OBRA LO APRENDIDO
Porque si alguno solo escucha la Palabra y no la cumple, el tal es como el hombre que se mira en un espejo.
Esto puede ser profundo. Mirarse al espejo es beneficioso y hasta en ocasiones agradable, pero el espejo no resuelve nada de lo que muestra, sino que es una herramienta para ayudarnos a ser conscientes de nuestra realidad en ese momento, pero nada más.
El espejo no nos lava, ni nos seca, ni nos purifica. Solo nos muestra. El que solo escucha la palabra, se goza en la coherencia de la Biblia, en lo grato de los mensajes, pero no da el paso hacia la decisión de ir a la fuente de vida, al amoroso Dios, para obtener fuerzas para emprender una nueva vida, entonces pronto ese entusiasmo desaparecerá, al igual que cuando nos olvidamos de nuestra imagen en el espejo.
Pasemos tiempo con Dios y planifiquemos con seriedad la forma de poner por obra cada enseñanza de la Palabra de Dios. Seamos cuidadosos de estudiar con cuidado, comparando texto con texto, renglón tras renglón, un poquito aquí, un poquito allá.
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