LA LEY DE LA LIBERTAD
Santiago 1.25 (RVR60): Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.
Pero el que observa con atención en la ley plena, la de la libertad, y es fiel a ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor práctico, este será llamado dichoso.
Este es un versículo hermoso. Gira en torno a ser práctico con lo aprendido; con las enseñanzas, con las reglas, con las leyes que se te han dado. Las leyes tr iene como función liberarte. Lo que sucede es que, cuando observas la ley, no hay culpa, porque eres libre de faltas.
La observancia de la ley nos hace libres de la culpa, libres del sentimiento de culpa, libres del remordimiento, libres de la falta de paz.
Esa es la libertad que se nos ofrece. Además la ley se disfruta en su obediencia cuando la obediencia viene por amor. Si nos relacionamos con Dios y al contemplar sus obras, nos terminamos rindiendo a su cariño, entonces obedeceremos con alegría, sabiendo que agradamos al que nos amó y se entregó a si mismo por ti.
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