INVOCAR EL NOMBRE DE JEHOVÁ


Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado. Joel 2: 32


El versículo de hoy fue escrito luego que el profeta Joel describiera varias señales “en el cielo y en la tierra”, las que no se cumplieron en su época, sino que terminaron señalando a los tiempos previos al “día grande y espantoso de Jehová”, es decir, a los tiempos finales; pero en medio de todo ello, antes de que llegue el día del juicio, todo el que invocare el nombre de Dios, será salvo.


Todo el que invocare, es decir, todo el que llame a Dios por su nombre, todo el que invoque  o convoque a Jehová por su nombre. Este aspecto del texto nos deja ver la familiaridad en la que el Señor desea establecer con el hombre. Así como cuando pasábamos alguna necesidad de pequeños y llamábamos a nuestros padres terrenales, ahora podemos llamar a nuestro amado Padre Celestial, con la misma o mayor confianza porque está cercano y presto a brindarnos su ayuda.


¡Qué enorme privilegio al poder invocar el nombre de Jehová! El nombre de Dios, en el antiguo Israel, se escribía sin vocales para que no fuese pronunciado, pero Dios, en su intento de estar más cerca de nosotros, nos dice que en los últimos días, los que lo llamen por su nombre, serán salvos. Hechos 4:12 nos aclara que el nombre de Dios es el nombre que es sobre todo nombre. 


El nombre en Israel era la muestra del carácter, y el nombre de Jehová nos señala el carácter paciente y amoroso del Todopoderoso. Todo el remanente, los que sobrevivan en medio del conflicto cósmico porque confiaron en el Señor, todos ellos alcanzarán la salvación.


Hoy acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, porque Jehová nos espera para darnos el regalo de la salvación a fin de poder afrontar los tiempos difíciles. 

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