9/11, NO TENGAS TEMOR

Era un día común y corriente y en los periódicos apareció la foto en blanco y negro, de esos perritos colgados en diversos postes de alumbrado publico de la ciudad de Lima, en el Perú, el 26 de diciembre de 1980. Amanecieron con papeles que decían: “así mueren los enemigos de la guerra popular”.

Desde entonces fue vivir con miedo, con el terror de que algún bulto de la calle disfrazara una bomba mortífera. Miedo. Un día el cabecilla del grupo terrorista Sendero Luminoso fue capturado, el 12 de septiembre de 1992… fueron años de mucho dolor. Muchos fueron asesinados por la insana mentalidad de quienes se sienten con el poder de imponer su ideología.


Años después, el 11 de septiembre de 2001, un grupo de terroristas de la agrupación Al Qaeda, secuestraron varios aviones, dos de ellos fueron estrellados contra las torres gemelas del World Trade Center, de la ciudad de Nueva York, y otro fue estrellado contra el Pentágono, y aun otro cayó gracias a que los pasajeros, ofrendaron sus vidas para liberarse de la tiranía y se liberaron de sus captores, pero al no poder tomar el control de la nave, esta cayó. 


Estábamos en casa, en la ciudad de Casa Grande en el norte del Perú, pastoreantdo el distrito misionero del mismo nombre, cuando por la cadena de noticias CNN vimos los hechos en vivo y en directo. El miedo nuevamente levantó su horrible cabeza para poner al mundo de rodillas. 



El terrorismo se hizo global. Han pasado muchos años y el sistema educativo no ventila estos eventos en su real magnitud, y los seres humanos tendemos a olvidar, a olvidar para tener esperanza, a olvidar porque no queremos tener miedo. El miedo paraliza. El miedo detiene. El miedo anula.


El primer terrorista fue Satanás quien ocultó sus intenciones delante de Adán y Eva y los engañó para imponer su ideología. Los seres humanos somos libres de informarnos, en primer lugar, no debemos dejarnos llevar por sentimientos ni por maestros ciegos que guían a otros ciegos. Somos seres inteligentes para poder decidir. Una vez tomada la decisión, con el uso cabal de nuestros sentidos, y con la información adecuada, sin apasionamientos, entonces, la suerte estará echada, y se cosecharán las consecuencias, al igual que Adan y Eva.


El miedo es el arma del diablo. El arma del Señor es su justicia. El Señor dice: “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:1). 


Hoy oremos para que sea la palabra de Dios una realidad en nuestras vidas: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27). No tengas miedo. Dios está contigo. Pase lo que pase. 




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