LA FAMILIA DE EXITO NO SUFRE DE MAMITIS - Dr. Yván Balabarca


“Él respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?” Mateo 19:4, 5.

En esta época vemos a muchos hombres y mujeres sufrir de mamitis o papitis, y estas son palabras coloquiales que comúnmente refieren a la tendencia de niños o adultos de aferrarse de manera exagerada a figuras de apego que por lo común son las madres. Es como que se busca seguridad para tomar desiciones con la certeza de que pase lo que pase, contará con el apoyo de su progenitor.

Hay diversos niveles, desde los leves, en los que se busca el consejo para poder avanzar en la vida, por sobre las recomendaciones del cónyuge, hasta la patológica en las que se siente una deuda o apego excesivo, sintiendo culpa si no se hace o no se está al lado del padre o de la madre. Esto puede llegar a ser una manera de miedo, miedo a tomar decisiones y enfrentar las consecuencias; una manera de colocar su rol de adulto bajo el criterio de una persona de autoridad (padres).

El consejo bíblico es interesante, en el versículo de Mateo 19:3, el Señor aclara que Dios hizo al hombre y a la mujer; los hizo diferentes, con sus propias características sexuales y hormonales. Se han hecho estudios sobre las formas de abordaje de la vida que tiene cada género. Es diferente el cómo el hombre se aproxima a un fenómeno, o la mujer. Son diferentes perspectivas.


El versículo simplemente afirma que el Señor hizo a la raza humana en dos modelos que al final son complementarios y se bastan para vivir juntos y trascender. Este es todo el argumento que el Señor afirma en el versículo: “Por esto el hombre dejará”; cuando el hombre y la mujer se casan, deben dejar a su padre y a su madre.

La palabra “dejará” da la idea de apartarse, es decir, tomar la decisión de vivir solos con su esposa o esposo y luchar para que la vida vaya de logro en logro. Ambos colocando de su amor, su habilidad, su tolerancia, su tiempo, y demás para construir un hogar funcional.  En el camino descubrirán diferencias entre ellos, o por último, si ya se dieron cuenta en el noviazgo de sus perspectivas desiguales, las verán con mayor claridad en la etapa matrimonial de vivir juntos y procurarán funcionar bien en armonía.

Dejar a los padres para construir una vida al lado de la persona que eligieron exige que el hombre y la mujer comiencen a colocar a su cónyuge como la persona con la que deberán enfrentar los desafíos. Ya quedó atrás el correr a papá y mamá para cargarle los problemas sino que ahora deben hacer uso de sus habilidades para resolver como pareja, en unidad, lo que la vida traiga. 

Los padres no deben de ser cargados con las dificultades de la nueva pareja. Los padres pasan a tener un rol de consejeros, pero solo eso. El rol de jefes de hogar ahora les corresponde a los hijos en su propio hogar. 

Cuando el hombre o la mujer, no dejan a su padre o madre, colocándole al igual o sobre el rol de su esposo o esposa, entonces el cónyuge al ver esto, comienza a decepcionarse de la actitud de su ser amado que sufre de mamitis. Puede luchar por el afecto de su esposo o esposa, con nada mas y nada menos que su suegra, tornando su vida, en la mayoría de casos, en una experiencia no deseada.

Quien debe poner fin a ello es el esposo o esposa que sufre de mamitis; debe curarse despertando de su pensamiento mágico emocional de dependencia de sus padres para asumir su rol de esposo, esposa o jefe de hogar.

El versículo afirma que la pareja debe llegar a ser una sola carne, ya no verse como dos, sino como uno. Para que ello sea una realidad, ambos deben asumir sus roles, de respeto, tolerancia, aceptación, cariño, trato delicado, entre otras actitudes que los ayudarán a fundirse mutuamente en una sola unidad familiar. 

Cuando se tiene en cuenta esta realidad de unidad, entonces, los padres pasan a ser atendidos por los hijos, quienes ahora los ven como consejeros y personas a las cuales pueden ayudar cuando se requiera.


Cuando uno de los progenitores de uno de los cónyuges llega a la casa de su hijo o hija, llega para asumir la reglas de la nueva familia, quienes la o lo acogerán para aprender a vivir. Es recomendable que, de vivir el suegro o la suegra en casa, se les brinde autonomía con su propia habitación, pero se debe dejar en claro que son las reglas de casa, y no se debe permitir una lucha por el poder entre suegra y nuera. 

Si los suegros deben vivir en casa, se acoplan a las reglas de la nueva familia. Pero si al contrario, por razones coyunturales, el hijo o hija casados deben ir a vivir a la casa de los suegros, entonces se debe conversar muy bien con el cónyuge sobre las reglas que han de asumir y sobre los límites para que el hogar no pase a ser gobernado por los padres de él o de ella. 

Aquel viejo refrán de “el casado, casa quiere” es cierto y refrendado por el consejo bíblico. Busca tu propio espacio para construir a tu familia, para hacer tu hogar, y desde allí ayuda a tus padres en lo que puedas, siempre de acuerdo con tu cónyuge. 

Es por ello que en la etapa del noviazgo, las parejas debe aprender a apreciar a sus futuros suegros, tratándolos con respeto y con cariño, a fin de que, de precisar ayudarles en el futuro, por alguna eventualidad de la vida, lo hagan con cariño y buena voluntad.

Los suegros, o futuros suegros, debemos ser prudentes para no intervenir en el hogar de nuestros hijos, a menos que se trate de algún caso que lo amerite, como algún episodio de violencia física o de infidelidad. 

En resumen, cuando ya estés casado o casada: 

1. Asume tu rol de esposo o esposa.

2. Deja de buscar la aprobación de tus padres por todo.

3. Conversa con tu cónyuge y coloca límites a la influencia que tus padres tienen en tu hogar.

4. Cuiden a sus padres, estando de acuerdo.

5. No alejen a su cónyuge de sus padres, sino que valora el que los puedan cuidar; pero no permitan que la los suegros sean los jefes del hogar. 

6. Si tú sufres de mamitis, admite que tienes un problema y lucha para curarte. Coloca límites a la influencia que tus padres tienen sobre ti.

7. Coloca a tu cónyuge en primer lugar en el hogar. 




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