PROCLAMA - Pr. Yván Balabarca




“Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas”. Amos 3:7.


“No hay en nuestro mundo obra tan grande, sagrada y gloriosa, ninguna obra que Dios honre tanto, como esta obra evangélica. El mensaje presentado en este tiempo es el último mensaje de misericordia para un mundo caído. Los que tienen el privilegio de oír este mensaje, y persisten en negarse a escuchar la amonestación, desechan su última esperanza de salvación. No habrá segunda prueba”. Testimonios selectos, t. 4, p. 282). 


Eran épocas de mucha desorientación para el pueblo de Israel. Estaban desorientados y Dios no dejará a su pueblo sin luz para que ande sin dirección. No lo hizo en el desierto, y no lo hará en los momentos de mayor apostasía. 


El Señor nos dice que no habrá Palabra de Jehová, el Adonai, el Señor, sin que envíe su conversación íntima a sus siervos los videntes, los profetas, lo que pueden ver las conversaciones que el Señor desea revelarles o enviarles.


Hay varios puntos aquí. Primero que la voluntad de revelar mensajes es de iniciativa del Señor. Dios está al control y anuncia lo que vendrá a los profetas. Segundo, Dios avanza anunciando su voluntad, o habiéndola dejado clara, es nuestra vocación y voluntad estar al día con lo que Dios ya ha dejado en su palabra, no necesariamente lo repetirá. 


Tercero, los secretos de Dios, no son tan secretos, no porque haya alguna persona con alguna clave ultra fantástica, sino porque Dios muestra lo que el pueblo pueda entender y les sea más oportuno recibir de sus mensajes para el momento en que viven.


Cuatro, los profetas son los que pueden ver los mensajes de Dios, porque son capacitados por el Señor para poder soportar la conversación con el Todopoderoso. Son personas que Dios eligió, no que ellos mismos se hayan elegido a si mismos para ser profetas. Los profetas están dispuestos a hacer por completo la voluntad del Adonai. 


El siguiente versículo remata la idea con la frase: “Si habla Jehová, el Señor, ¿quién no profetizará?” Es decir, ¿quién no predicará ese mensaje? Aunque no somos profetas, estamos llamados a distribuir el mensaje de los profetas a las personas que están dispuestas a recibirlos. 


Como dice Elena de White en el párrafo que aparece luego del texto bíblico de hoy: No hay mayor honor que llevar la verdad del evangelio, compártela. 

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