DISCIPLINANDO A LOS HIJOS CON INTELIGENCIA - Pr. Yván Balabarca
Cuando pensamos en la palabra disciplina, lo que viene a la mente es castigo o restricciones en base a privaciones. Permíteme definir disciplina como las actitudes que nosotros como padres asumimos para que nuestros hijos sientan satisfacción, y se encuentren ocupados en actividades que los ayuden a desarrollarse para enfrentar la vida.
Claro está que este proceso es instructivo; es para enseñarles a vivir, y buscaremos disminuir los comportamientos indisciplinados de nuestros pequeños. Para que esto sea una realidad debemos enfocarnos en dos actitudes: una actitud de ser vigilante con nuestras propias conductas negativas, a las que debemos de minimizar, y la otra actitud es la de ser muy cuidadosos como padres, y estudiar a cada uno de nuestros hijos para que nuestros esfuerzos en favor de la disciplina sean claras.
Cuando son bebés.
Cuando son bebés, nuestros hijos precisan desarrollarse teniendo un horario, los hábitos son claves. Debemos cuidar sus horas de dormir, de levantarse, de asearse, de desayunar, de hacer su culto matutino, de jugar, de su media mañana, de su hora de comer, de sus horas de descanso, de su hora de cenar, de su hora de escuchar música, etc. Esto exige que estemos dedicados a nuestros bebés.
Además el modelaje es clave, esto quiere decir, que más educamos con nuestros tonos de voz, caricias y conductas que con el contenido de nuestras palabras. Debemos estar atentos a esto.
Cuando son niños.
La disciplina está en acompañarles, formando su moral, tratando de nosotros como padres, estar de acuerdo en lo que es bueno y lo que no, para que el niño no se confunda. Aquí educamos por modelaje, es decir por el ejemplo. Es la hora de ayudarles a desarrollar la solidaridad, a compartir, y esto se logra a través del juego, y no jugar lo que nosotros como adultos deseamos, sino los juegos que ellos, nuestros hijos, nos proponen, en la medida de lo posible, claro está.
Si se desarrolla una falta, entones viene el castigo.
Por último, cuando ya son adolescentes.
Cuando los adolescentes inician esta etapa comienzan a desarrollar la lógica para sus acciones. Es por ello que como padres deberemos aprender a conversar. Es la época en la que se aplica el dicho: “regla sin razón produce rebelión”. Los adolescentes y jóvenes desarrollan una obediencia crítica de las reglas. Además hay que ayudarles a ser responsables de sus desiciones, con nuestra compañía paternal de ayuda.
En cuanto a los castigos.
Por favor, antes de pensar en los castigos, practiquemos el felicitar o halagar lo bueno que hacen nuestros hijos, ayudándoles a entender: 1. ¿Qué fue lo bueno que hizo?; 2. A aprender a aceptar los halagos, agradeciendo; 3. Y, enseñándoles las consecuencias positivas de lo que están haciendo.
Otro punto que es bueno dejar claro es que debemos cuidar las rutinas. Un horario es conveniente. Horas para comer, dormir, hacer tareas de la casa y del colegio, horas de jugar, etc. El niño o adolescente debe darse cuenta que si no tiende su cama o no guarda su caja de juguetes o de cualquier otro objeto utilizado en la hora conveniente, traerán consecuencias, que: 1. Serán las mismas; 2. Deben ser vistas como la consecuencia natural de haber hecho o dejado de hacer un acto que se había establecido antes.
A veces pasa que la mala conducta del niño, es su método para llamar la atención y para que se le preste el espacio que quiere. Entonces es hora de respetar los horarios nosotros como adultos, y enseñar al niño a que esas conductas negativas no le servirán para que le prestemos atención. No hay que hacerle caso, y al ver esto, se cansará y dejará de practicarla. No discuta con el niño. Póngase de acuerdo con su cónyuge para que esto no sea la actitud solo de uno o una.
Avise con anticipación lo que va a pasar y establece las reglas de juego. Qué se va a desarrollar y qué se espera de cada uno de los hijos. Por ejemplo: “vamos a ir de paseo, todos subiremos las cosas al auto, luego al llegar, todos descargamos las cosas. Ustedes chicos se encargarán de armar la carpa, y su mamá y yo comenzaremos a cocinar; luego de comer, nos desharemos de los desperdicios, y nos iremos a caminar en la naturaleza. ¿Está bien?”
Es bueno esto. También se debe establecer una tabla de recompensas, es decir, poner las cosas claras. “Esto es lo que se espera, y estos son los límites”. Hay que establecer qué es lo bueno cuando se conducen bien.
En cuanto a los castigos, estos deben ser inteligentes. Es decir, deben surgir de una serie de actitudes que hemos decidido adoptar, teniendo en cuenta que no cabe que los adultos seamos otros niños, descontrolados y renegones, sino que seamos personas ecuánimes y controladas.
Antes de administrar un castigo debemos de reflexionar en que debemos nosotros estar tranquilos y claros del porqué, ¿qué motivó el castigo? Y ser coherentes. Un tipo de castigo es que si el niño está gritando o faltando el respeto a los demás, es necesario que se de un “tiempo fuera”, es decir, que se vaya a su cuarto para que se “enfríe” y luego conversar con él sobre lo que ha hecho mal. No le digas que es un mal niño, sino que lo que hizo no estuvo bien.
Enséñeles que hay consecuencias, si es que no presentan una tarea u otra actividad. No siempre estaremos allí para poder ayudarle. Debe aprender que se siente mal cuando se dejan pasar las responsabilidades por alto.
Otra opción es que no pueda salir a desarrollar las actividades que le gustan. Y aun otra opción es la disculparse por su falta.
Recuerde que un castigo no debe se excesivo, ni ha de buscar humillarle. contrólese.
Cuando los hijos son adolescentes la disciplina pasa por ser el resultado de una serie de acciones familiares que refuercen las alianzas que surgen a lo largo de la coexistencia familiar. Estas alianzas se fortalecen con salidas junto con el hijo o hija, además de compartir las aficiones que se tienen, y desde esos espacios se gana ascendencia en el hijo adolescente para que luego escuche las sugerencias para reorientarse.
El sabio Salomón escribió: “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige” (Proverbios 13:24). Este texto es más fácil de comprender ahora.



Pastor yo tengo un niño de años que tiene sus momentos de molestia y lastima a su hermanito pequeño de año o juega tosco. y a veces me dice que no le gusta los sabados que le aburre, que puedo hacer?? Le pido su consejo. Mi nombre es Sadit
ResponderBorrarHola Sadit. Es hora de jugar con tu hijo durante la semana, pasar tiempo con él y hacer del sábado un momento agradable. Tratar de hacer qeu los preparativos para ir a la iglesia sean hechos durante la semana para evitar el jaleo antes de salir de casa.
ResponderBorrarPor otro lado, llevar algún libro cristiano de dibujos o colorear para que pueda estar entretenido ya que algunas veces los temas pueden resultarles cansadores. La idea es hacer el hábito. Preparar una rica cena de viernes, y un rico almuerzo de sábado puede ayudar a motivar a tu hijo para el día.
Por otro lado, si tu hijo es tosco, quizás es hora de revisar si lo que mira o lo que juega lo invita a serlo, o de pronto se pone tenso, de ser así, conversar con una psicóloga será de gran ayuda para poder ayudarle con estrategias que lo tranquilizarán o direccionarán sus energías.
Una buena sesión de deporte quizás ayude. Pero al final, y no menos importante, ora, ora para que Dios te de sabiduría y para que bendiga a tus hijos. Un lindo día!!!
Muchas gracias pastor por este espacio... para seguir creciendo como padres...
ResponderBorrarGracias Karina a ti, por leer este espacio... Gracias nuevamente...
BorrarGracias por compartir conocimiento útil para vivir mejor, bendiciones pastor.
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