EL PODER DEL ABRAZO - Dr. Yván Balabarca
En casa practicamos el “abrazo regulador”, lo que significa que cuando estamos distanciados por el estrés de las actividades diarias, o por las preocupaciones del día, al final, un abrazo nos regula, nos une, nos vuelve a dar el mensaje de que estamos del mismo lado, de que estamos juntos para seguir avanzando en los caminos desafiantes de las calles amplias o estrechas de la vida.
En el libro de Eclesiastés, el sabio Salomón nos señala que para todo hay tiempo, y en el capítulo 3: 5 señala que hay “tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar”. La palabra hebrea que se traduce por abrazar es חבק y da la idea de abrazar, cruzarse de brazos de ocio o para dormir, aliarse a alguien o apegarse; reunir fuerzas, unirse, juntarse.
El abrazo en este capítulo tiene que ver con la fuerza de la unidad. Hay tiempo de abrazar, de unirse, de regularse con el ser amado o con los seres amados, y hay tiempo de trabajar, de andar solo y de lograr diversos asuntos pendientes. El abrazo es un proceso regulador para quienes se alejan para lograr los objetivos del día.
Con el abrazo se logra disminuir el estrés, ya que frente a las emociones negativas que se puedan experimentar, el abrazo fraterno llega a dar el mensaje siguiente: “no estas sola o solo, estamos para ayudar”. El estrés o la resistencia que se genera en la vida, tiende a compartir con los amigos que abraza. Un abrazo de la novia o del cónyuge hará mucho bien a quienes lo experimenten sabiendo que comparten con la persona que ve la vida del mismo modo que ustedes.
El abrazo sincero está incluido entre las acciones románticas de los individuos, por lo que está asociado a la disminución del estrés arterial. Un abrazo antes de una actividad estresante disminuye la presión y la sensación de estrés.Al tener el contacto físico del abrazo que incluye el tacto y la percepción del calor corporal, se estimula la secreción de una hormona llamada oxitocina, la cual esta asociada con el efecto de calmar la ansiedad, además de promover el crecimiento, y, el que se curen las heridas con mayor facilidad. La oxitocina también es conocida en el mundo de las hormonas como la del cariño. Este hormona disminuye los niveles de cortizol, por lo que disminuye el estrés también.
Los abrazos también reducen los temores, los miedos, ya que al sentir el contacto interpersonal, automáticamente se asume la idea que se no se está solo o sola y se cobran fuerzas para continuar con las acciones que se estaban desarrollando.
Además, al abrazar a una persona amada se elevan los niveles de serotonina, es decir, la hormona que transmite la sensación de placer o felicidad.
Por otro lado, se pudo descubrir que a través de los abrazos se puede dar cuenta una persona que otro individuo a quien se abrazó puede estar triste o alegre, por la forma en que dio o recibió esta forma de toque.
El abrazo es parte de nuestra comunicación y de nuestra salud no solo mental, sino también biológica, y es que no se pueden separar los diversos aspectos del ser humano, y si se los separa es solo por fines de explicación o pedagógicos, ya que en la vida diaria no se pueden separar; están intrínsecamente ligados y relacionados.
Si en tu hogar tienes hijos pequeños o adolescentes, el abrazo esta relacionado a fortalecer al autoestima; esto es extremadamente importante para las etapas mencionadas del desarrollo humano ya que, con el tiempo, se desarrollará una autoimagen saludable y segura en los menores que reciben esta expresión física saludable. El abrazo es fundamental en el desarrollo de los niños. Los bebés reconocen sus padres por el tacto y el olor, y por ello precisan tener a sus progenitores cerca para poder desarrollar los estímulos más importantes que faciliten su crecimiento afectivo estable.
El abrazo también genera confianza en la persona que lo da, así sea un contacto interpersonal fugaz o trivial. Esta confianza incluso puede ayudar no solo a la autoestima sino a como se ven las personas frente a la muerte, ya que reducen el miedo ante ella.
Virginia Satir (1916 - 1988), quien fuera autoría, trabajadora social y psicoterapeuta estadounidense, y reconocida por su enfoque en terapia familiar, expresó que: “necesitamos cuatro abrazos al día para sobrevivir, ocho abrazos para mantenernos y doce abrazos para crecer”.
Esta investigadora encontró en su práctica clínica esta manera de regular la vida afectiva de sus pacientes y familias tratadas. En los Estados Unidos existe el día del abrazo, y se celebra el 21 de enero de cada año para estimular la salud mental y la felicidad de la población.
Volviendo a Eclesiastés 3:5; este versículo nos hace recuerdo que no solo hay tiempo aleatorio de abrazar, sino que debemos buscar el tiempo de manera proposicional para poder abrazar a nuestros seres amados, en especial si son nuestros hijos o cónyuge. Un abrazo estimulará la unidad familiar y de tal manera que aumentará nuestra percepción real de estar en el mismo equipo, remando hacia la misma dirección.
El salmo 91: 4 dice así: “Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro”. El salmista nos brinda la idea de la protección que brindan las aves a sus polluelos. Dios nos cubre, son protege, nos esconde, nos oculta, nos abriga, bajo sus alas de amor para brindarnos la estabilidad, protección y equilibrio que necesitamos cada día.
El abrazo a tu cónyuge o a tus seres amados es un mandato bíblico y científico, que no debes ignorar. Es hora de buscar a tus seres significativos y darles un abrazo regulador; un abrazo que les haga recordar que Dios también los abraza y los protege para gozar de una nueva perspectiva de su amor.
Esta es otra manera de que se cumpla el texto de Juan 7:38: “El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. Al abrazar a nuestros seres queridos también les estamos dando un regalo de cariño y de amor, algo así como un vaso de agua fresca para continuar con los desafíos del día a día.



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