TÚ ERES EL ENTRENADOR DE TUS HIJOS - Pr. Yván Balabarca

Cuando los niños son pequeños muchos padres y madres experimentan mucho estrés especialmente si son primerizos, lo que hace que pierdan la paciencia muy rápido y termine en episodios de ira, de llanto, de deseos de salir de casa o en prácticas de no retornar rápido al hogar. Estas últimas se convierten en tubos de escape para poder controlar el estrés.



El sabio Salomón nos recomienda lo siguiente en Proverbios 22: 6: “instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartaré de él”. La instrucción está dada, “instruye” a tu hijo. Esto puede sonar obvio, pero tratemos de ver más allá de lo obvio. La palabra instruir, del hebreo, es חנךְ (hanok) y tiene que ver con la acción de dedicar o entrenar, es decir, debes ser el entrenador de tu hijo. Un entrenador enseña a sus jugadores a ganar, les enseña a motivarse cuando están perdiendo, les enseña a competir con técnica, y les enseña a asumir una derrota, aunque a no acostumbrarse a ella.


Un entrenador es un coach, que desea ver que sus dirigidos hagan un papel bueno en cada juego. Su prestigio como entrenador se refleja en el proceso de cada participación de sus entrenados o pupilos. Los entrenadores son las personas significativas que ayudan a sus equipos a triunfar. 


El sabio Salomón utilizó “hanok” para que los padres asuman su parte como un couch… y en el sentido más amplio, su rol de padres entrenadores para enseñar a vivir. “Educar” en latín significa, “conducir”, o “guiar”, es decir “enseñar a vivir”. 


Pero el versículo no acaba allí; "intruye al niño”, al menor, al adolescente o al joven. Es una palabra que no solo se limita a los niños pequeños, a los párvulos, sino a todos aquellos que carecen de la experiencia de la madurez. La profundidad de este versículo nos lleva a entender que nuestro rol de padres educadores no acaba cuando los niños asisten a la escuela, sino que continúa hasta que sean jóvenes. Nuestro rol paternal es enseñarles a vivir hasta que alcancen la madurez.



Cuando el sabio nos aconseja que los ayudemos, nos dice por dónde, y es por del camino. La palabra “camino" nos indica el lugar por donde transitan, también describe la acción de pararse para disparar una flecha, Esto es muy profundo. Los padres con nuestras actitudes les enseñamos a colocar los objetivos (las flechas) en su vida a nuestros hijos. Somos quienes los ayudamos a apuntar bien. Ellos apuntarán bien si nosotros hemos dispuesto bien los caminos para ellos.


Esto es como un efecto dominó. Es decir, que lo que hagamos cuando son niños impactará en su vida juvenil.  Eso es disponer el camino para ellos. Debemos marcarles la ruta. Eso lo hacemos con nuestra disposición, acciones y palabras. 


Las palabras hablan, las acciones gritan, recuerda. Debes de buscar con ansias la dirección de Dios para educar a tus hijos. Debes clamar al Todopoderoso para que te de las orientaciones diarias a través de su palabra para que en primer lugar, sigas educándote tú mismo y así seas un mejor modelo para tus hijos.


En los primeros años de vida, los niños son muy demandantes porque están aprendiendo todo, desde comer, caminar, manejar sus esfínteres, comprender que las causas tienen efectos, a explorar y manejar sus emociones.  Esto exige que los padres tengamos mucha paciencia. Pero muchos son los padres se frustran y pierden los papeles. Por ello te doy algunos consejos para que sean los mentores o ls entrenadores que sus hijos necesitan, y así puedan cumplir con el mandato del sabio Salomón: 


  1. Disfruta el camino. No te frustres cuando lo que deseas para el día no se puede lograr, debido a que tu hijo dejó caer algo, te olvidaste del talco, o llegó una tarea de imprevisto. Recuerda que debes disfrutar del camino. El mundo no se cae si no se logró el objetivo del día. Tienes que tener la disposición de adaptarte a lo que se venga. La paternidad en primer lugar nos educa a nosotros como padres. Trata de ser feliz en el trayecto.
  2. Piensa en las quejas que hasta ahora has pensado o has hablado. Has una lista y comienza a pensar en cada una. Analiza tu actitud y trata de cambiar porque tus palabras están sembrado actitudes en tus hijos.
  3. Disfruta lo que tienes. Deja de soñar en lo que no tienes, y pasa a disfrutar lo que hay. Juega con lo que hay, disfruta con lo que hay. Recuerda que hasta para disfrutar hay que esforzarse. Y no lo vincules esto a la paternidad, este debe ser un hábito personal. Se llama contentamiento. No te estoy enseñando a ser conformista, sino a disfrutar las etapas de la vida. Tu hijo no será pequeño siempre.
  4. Cuando lleguen quejas, de tus hijos o acerca de ellos al llegar a casa repítete esta frase en tu mente: “No se ha caído el cielo, puedo ser feliz con mis hijos”. Si tienes que disciplinar recuerda que lo debes hacer contemplando varios aspectos, en el siguiente capítulo comparto de este tema.
  5. La vida no se trata de pasársela disfrutando de días libres. Todo tiene su tiempo. Tampoco se trata de trabajar a cada momento. Debes disfrutar cada fin de semana y en media semana deben tener momentos de pasarla bien en familia.
  6. Trata de salir a caminar con tu hijo, o con tu hija, disfruten de una buena charla, y si son bebés, sal igual y háblales de cuánto les amas. 
  7. Trata de salir a solas con cada uno de tus hijos. Invítales a cenar a cada uno por separado en días diferentes. Eso será de gran ayuda. Planifica citas personales con ellos para salir a comer, a hacer deporte o a pasarla bien. Dios te de sabiduría.
  8. Comienza a desarrollar rituales familiares, por ejemplo: todos los jueves, cenamos comida china. Rituales en los que la pasen bien, conversa con tus hijos, sin ver la televisión, solo conversa. 
  9. Cuando estés con otras personas, menciona lo positivo de tus ojos. No te quejes, no te estanques en lo negativo. Si tu disposición es de queja, al principio sentirás que no tienes nada que hablar, pero con el tiempo lograrás tener un diálogo más beneficioso y esperanzador. 
  10. Comienza a escribir cartas de cariño a tus hijos, cartas que ellos puedan encontrar y leer donde describas cuánto los quieres y les deseas lo mejor. 



No importa si al leer esto ya eres padre de adolescentes. No mires el tiempo pasado, mira el hoy, lo que puedes hacer para darles hermosos días antes de que ellos salgan del nido. Abrázales, diles que los amas; de ser necesario, pídeles perdón por tus errores, y lucha para ser un mejor padre cada día. Deja tus malos hábitos, y comienza a hacer deporte para que tengas más fuerza de voluntad para hacer el bien.


Si eres hijo o hija y ves que tus padres desean comenzar a hacer cambios, anímales y colabora disponiéndote a participar de sus invitaciones. Tú también puedes ayudar al cambio.

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