CONOCE A TUS HIJOS - Dr. Yván Balabarca
El apóstol Juan nos deja un versículo en su evangelio 10:14: “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen”. Esta idea más lo que escribió la autora Elena White: “Cada familia es una iglesia en la que presiden los padres. La primera consideración de los padres debiera ser trabajar por la salvación de sus hijos. Cuando el padre y la madre, como sacerdote y maestra de la familia, toman su posición plenamente del lado de Cristo, se ejercerá en el hogar una buena influencia” (Conducción del niño, 521). Esto nos ayudan a considerar que:
El hogar es la primera iglesia, es nuestra prioridad. Como líder eclesiástico, me es un deber conocer a mi iglesia. Pero mi principal deber es conocer a mi hogar. Jesús dijo que Él conoce a sus ovejas, y ellas le conocen a Él.
Esto es interesante de destacar. La palabra griega que se traduce por conocer es γινώσκω (ginosco) que implica la idea de “aprender a conocer”, “conocer”, “darse cuenta”, “comprender” “entender”, “reconocer”.
Si nuestro hogar es nuestra primera responsabilidad, nuestra primera iglesia, entonces, como buen pastor, debemos conocer a nuestros hijos y cónyuge, como Cristo conoce a su iglesia.
Aprende a conocer a tus hijos: aprende los métodos para acercarte a ellos según su edad. Cuando son niños, juega con ellos, involúcrate en sus juegos. Pasa tiempo con ellos y aprende a distinguir aquello que le gusta y lo que no en cuanto a recreación. A través del juego identifica sus intereses, vocaciones, temores, miedos, alegrías y de su entorno social.
Date cuenta de lo que le afecta con intensidad, y lo que no le interesa. Aprende a modelar en él o ella lo que es bueno. Quizás se trate de una tarea nueva para ti, pero si conoces bien de que se trata tu negocio, o tu empleo, ¿porqué no darse cuenta de “cómo funcionan” tus hijos?
Comprende las limitaciones de tus hijos; estate atento a aquellas situaciones que pueden ser demasiado exigentes para ellos, y comienza a motivarles, a prepararles poco a poco para que puedan superar las exigencias propias de la vida.
Entiende como funciona del temperamento de tu hijo o de tu hija; considera cuáles son sus puntos fuertes y sus puntos débiles; aprende a darte cuenta, entiende cuál es la mejor manera para llegar al corazón de tu hijo de tu hija, y de cómo motivarles para que puedan desarrollarse mejor manera.
Reconoce cuáles son las habilidades, fortalezas, debilidades y áreas en las que debes reforzar el desarrollo de tus hijos, promoviendo su autoestima, y siendo parte presente de sus momentos importantes.
Podemos comenzar informándonos acerca de los procesos importantes vitales en la vida de nuestros hijos. Para ello desarrollaremos un capítulo especial sobre lo que dicen los expertos acerca de el desarrollo social de nuestros hijos, Y con esa información podemos tomar parte activa en las actividades y decisiones a desarrollar para que ellos crezcan cada vez más seguros.
Las diferencias saltarán a la vista conforme nuestros hijos crezcan. Mientras sean bebés tendrán desafíos y nosotros como padres que se acompañaremos en su crecimiento y desarrollo. Cuando son bebés es sencillo vestirlos, alimentarlos, transportarlos con nosotros, pero conforme vayan creciendo, las demandas propias de su desarrollo también, por lo que deberemos estar preparados, siempre un paso adelante, adelantándonos a través del conocimiento a lo que ha de venir en cuanto a su proceso de maduración física, psicológica, social, que impactará directamente en sus relaciones para con Dios y para con su entorno.
Hay hijos que pueden ser muy diestros para las actividades físicas, mientras que otros disfrutarán más de las actividades dentro de casa; ni uno es mejor que el otro, simplemente diferentes. Y nosotros como padres debemos tener el cuidado de reconocer las habilidades diferenciadas de cada uno.
Recuerda la historia bíblica de Jacob y Esaú, en el libro de Génesis, donde aparece un Esaú cazador, muy hábil en las actividades fuera de casa. Físicamente muy inteligente Y con la habilidad de poder acercarse a la presa y poder proveer de alimentos para su hogar. Este hijo era muy admirado por su padre (quizás porque le hacía recordar mucho al temperamento de su esposa).
El otro hijo, Jacob, muy dado a las labores domésticas. Hábil en la ciencia de la alimentación, quizás muy bueno en economía doméstica, y en el arte de la negociación sutil, a diferencia de su hermano. Quizás un gran proveedor de su familia, a través de otros métodos; muy querido por su madre (quizás porque le hacía recordar el temperamento de su esposo).
En este simple ejemplo bíblico encontramos las diferencias evidentes entre nuestros hijos, unos son más dados a las habilidades kinestésicas, mientras que otros son más hábiles en las actividades intelectuales. Algunos son más dados a las actividades fuera de casa, deportivas, manuales, mientras que otros son más proclives a las actividades dentro de casa, desde una computadora.
Nosotros como padres debemos tener mucho cuidado para no desalentar a ninguno de nuestros hijos al ser poco cuidadosos en el momento de expresar nuestro cariño y admiración. No podemos tener hijos preferidos, porque cada uno en sus diferencias es muy especial, y es nuestra responsabilidad aprender a valorar con sinceridad esos puntos que les dan identidad y personalidad.
Por otro lado, en un capítulo anterior hemos conversado acerca de la disciplina. Quizás de manera complementaria, debemos aprender a aplicar la disciplina según el temperamento de nuestros hijos. Algunos niños son muy sensibles, y será suficiente con conversar de manera firme con ellos. Otros niños son más firmes, y será necesario ejercer un poco más de firmeza. Otros niños, desde temprana edad, aprenden a razonar muy bien, y a moverse por causa efecto, por lo que no será necesario razonar con ellos.
Sin embargo nosotros como padres debemos pedir pedir sabiduría de lo alto para poder ejercer una la disciplina personalizada que nuestros hijos necesitan, en el momento más oportuno. Lo que sucede es que nuestro hijo "razonador" puede estar atravesando, debido a su crecimiento, alguna etapa de firmeza, o de sensibilidad, O de extrema audacia, por lo que nosotros también debemos ejercer un manejo disciplinario que se adapte a los diferentes momentos que atraviese.
Recuerdo que no hay dos hijos iguales, son tan variados como lo son las flores del campo, que aunque parecen similares, siempre presentan diferencias. Necesitamos nosotros como padres conocer a nuestras "ovejas", y ellas deben aprender a conocernos a nosotros también. Pero no olvide que el adulto es usted.
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