¿Egoísmo o egocentrismo? - Dr. Yván Balabarca
Ha habido muchas ocaciones en que hemos visto que nuestros hijos pequeños no han querido compartir sus juguetes o han hecho rabietas por alguna cosa que han tenido en sus manos y se les ha quitado. Pues bien, se trata de una etapa de su desarrollo normal en la que ellos se sienten el centro de todo y consideran que todo lo que les rodea es parte de ellos. Esta etapa de “descubrimiento” se llama egocentrismo.
Los niños de entre 4 y 7 años están en el proceso de desarrollar el pensamiento empático, y aprender que el resto de la humanidad tiene su propia vida, agenda, pensamientos, intenciones, vínculos, relaciones, y normas, diferentes a las de él mismo. Esta etapa egocéntrica no debe confundirse con el egoísmo, ya que esta última exige una intencionalidad pensada y premeditada, en el caso del egocentrismo es parte del proceso de maduración del niño. No debemos darle más importancia de la que se debe.
El niño atraviesa por tres etapas:
Fase del darse cuenta: el niño o niña se da cuenta que lo que le rodea, y que es importante. Aprende a conducirse en su ambiente gracias al ejemplo que sus padres le brindan. Los niños aprenden por medelaje, es decir, por el modelo que sus padres le dan.
Fase de vinculación: en esta etapa, desde los 2 o 3 años, los niños consideran que gira en torno a ellos y no sienten la necesidad de compartir, no ven la utilidad en ello porque no consideran que un juego puede tener un fin común. Cuando llega a los 6 o 7 años aprende a trabajar en equipo, poco a poco, logrando compartir lo que posee.
Fase de aceptación. Luego de los 7 años los niños desarrollan empatía, es decir, que existen otras personas con las que hay que compartir, con las que hay que jugar o colaborar. Este proceso de aceptación es parte de su maduración.
Durante la etapa de darse cuenta de lo que le rodea, el niño considera que los objetos a su alrededor y sus padres, no solo son entes fuera de él, sino que le perteneces y que son parte de él. Es por ello que consideran que todo es suyo o que debe girar en torno de él o ella. Así que el niño de esta edad no comparte o entrega y quita aprendiendo lo que es causa y efecto.
En esta etapa, forzar al niño a compartir, quitando de sus manos los objetos a la fuerza, no es lo mejor. Lo ideal es tratar de que el niño vea el compartir como un juego, ya que el juego es parte de su proceso de maduración y verá como el otro niño o niña recibe y devuelve, o intercambia lo que tienen. Pero si no lo desea hacer, es bueno que el padre o la madre, tengan unos juguetes que puedan compartir con las visitas.
Esta etapa también es importante para el desarrollo del lenguaje del niño, ya que utilizará vocablos para designar lo que él considera importante. En cuanto a su desarrollo de la escritura, también comienza, no a escribir, sino a dibujar con el interés de representar algo, y no simples lineas. El lenguaje que va desarrollando es muy de él o ella. Designa vocablos como quiere sin respetar los convenios sociales de los conceptos. Sus palabras o conceptos son para designar su propia realidad.
A veces se escuchan críticas de gente indignada por “la mala educación del niño o niña”; “¡cómo es posible que no quiera compartir”, “¡qué clase de padres tiene”. Por lo general esas criticas vienen de padres desinformados, o jóvenes solteros, o padres sin hijos o de padres que forzaron a sus hijos sin respetar su proceso de maduración; como quiera que sea, en esta etapa no es un egoísmo premeditado y maquinado, sino que se trata del egocentrismo.
Todo su mundo le pertenece, y no está dispuesto o dispuesta a dejarlo ir. Por ello no desea dormir, y quiere que le cuentes una historia antes de descansar. Por eso no quiere compartir, porque siente que está dando algo de si mismo o de si misma, no que es algún objeto ajeno a él o ella el que está dando a otros. Forzarle de mala manera a compartir generará que el niño o niña sufra, y se sienta violentado.
Una recomendación es que usted prepare una bolsa de dos o tres juguetes y le diga a su hijo que son los que se dan a las visitas. Estará más dispuesto a intercambiar que a dar algo que se aleje del él o ella.
No se preocupe si su hijo juega como dandole vida a las cosas o juguetes, eso se llama animismo. Por otro lado, los niños en torno de los 3 o 4 años consideran que los fenómenos vistos están relacionados, eso se llama fenomenismo. Otra característica es que las cosas existen porque él o ella las necesitan o para que él o ella las use, eso es conocido como finalismo. Por último, todo es hecho por las personas que le rodean y que ama, eso se llama artificialismo, todo fue fabricado por él o ella.
Puede que su hijo haga pataletas, o insulte. Entonces no le de aquello que el niño o niña desea, sino que usted debe mantenerse calmado o calmada, e indíquele como deben ser las cosas, en pocas palabras, sin gritos, y sin fruncir el ceño. No se trata de: “me haces pasar vergüenza” sino de “estás aprendiendo a madurar, y te acompañaré”. Cuando lleguen a un ambiente tranquilo, quizás el niño se haya olvidado de la rabieta, entonces quizás ni recuerde el hecho desagradable que protagonizó; sin embargo usted volverá a recalcar que en la calle o en cualquier otro lugar, lo que diga el papá o la mamá deberá hacerse porque los padres le aman y desean lo mejor para él o ella.
El hecho de compartir en esta edad no debe ser forzado sino parte de un juego de intercambio donde los niños aprendan a socializar y a divertirse con los demás. Recuerde, esto debe ser premeditado con sabiduría paternal, ya que, dejar que esto suceda al natural no necesariamente se dará. Es mejor conversar, explicar y convencer antes que forzar y castigar.
Jesús dijo: “Dejad a los niños venid a mi, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos”. Es decir, que de los niños pequeños es el reino de Dios. No tienen aun conciencia de lo que es malo o bueno, están madurando y precisan de la orientación de su mamá o papá, por ello no se debe considerar que en la etapa de 3 a 6 años son egoístas, sino que están creciendo. Dese un tiempo para estar con sus hijos y acompañarles para que crezcan juntos… él niño o la niña en su proceso de desarrollo y usted como padre o madre.
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