TENER TODO PERFECTO CUANDO LOS NIÑOS SON PEQUEÑOS ¡CUIDADO! - Dr. Yván Balabarca
“Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría”, en Eclesiastés 9:10, el sabio Salomón nos deja un mensaje que es la delicia de cuantas personas son adictas al trabajo. Sin embargo un breve análisis del capítulo 9 nos da mayor claridad sobre el tema:
El capítulo comienza señalando que el sabio ha indagado sobre muchos temas y que todo le ocurre lo mismo al bueno como al malo. Eso tiene mucho sentido y trae a la mente la realidad que a ambos, buenos y malos, se enferman, sufren crisis económicas, sufren reveses y mueren también; y en la muerte no hay nada, ni planes ni sentimientos.
Por ello, a partir del versículo 7, el sabio dejó señalado que las personas deben comer y beber sus alimentos con espíritu festivo, porque sus obras son agradables (es decir, aceptables, porque son las adecuadas), para el Señor. Además aconseja cómo se debe vestir, con colores claros, y que se debe oler bien (buscar estar limpio).
Luego, partir del versículo 9, Salomón, aclara que se debe vivir con gozo, al lado de la persona amada. Seria porque llevarse bien con el cónyuge ayuda a sobrellevar los desafíos propios del diario vivir.
Es allí que viene el consejo del versículo 10. “Todo lo que te viviere a la mano para hacer…”, la pregunta es: “¿Qué es “todo”?”, pues según el contexto, enfrenta todo, bueno o malo, come y bebe el bien, vístete y huele, vive gozoso al lado tu ser amado. En otras palabras, el todo se puede referir a lo que el propio Salomón refirió en el contexto: No te desanimes por lo malo que te pasa, anímate que tendrás iguales oportunidades, aprovecha cada momento que tengas con tu familia; esto sería el “todo” de esta ocasión.
Todo lo anterior deberemos hacerlo según nuestras fuerzas, o vigor, porque es lo que debemos hacer de manera básica para ser felices.
Si quisiéramos llevar este mensaje, de hacer “todo según nuestras fuerzas” a todos nuestros campos, quizás nos haría un poco más equilibrados, ya que no nos pide que nos entreguemos al trabajo totalmente (workoholics), ni tampoco que pretendamos que todo debe ser perfecto.
Cuando un padre y una madre buscan que todo sea perfecto, es decir: casa ordenada y limpia, niños perfectos, matrimonio perfecto, trabajo perfecto, etc, quizás puedan frustrase. Muchos dirán: “lo que pasa es que les está enseñando a ser conformistas; con esfuerzo y organización si es posible”. Pero lo que puede pasar es que usted, por su temperamento y personalidad, puede que lo logre, pero su familia quizás no.
Los padres que quieren que todo sea perfecto, en sus primeros años, son padres que pueden ser clasificados como equilibristas, y se pueden frustrar al ver que el tiempo no les alcanza para tener todo pulcro y ordenado, y menos con un ser pequeño que es totalmente dependiente, en su etapa de bebé, o que es un explorador nato en sus etapas de crecimiento.
No significa tampoco que viviremos en un basurero o en un lugar de extremo desorden, sino que debemos de tener paciencia ya que más de un día no se podrán mantener la casa en el orden adecuado, o asistir puntualmente a todas las citas. Este pensamiento debe ser de ambos, de padre y de madre, ya que se dan casos muy curiosos de que uno de los hijos sale con alguna necesidad en el umbral de la puerta. Mas de una ocasión deberemos de volver a la casa por algo, o quizás habremos dejado todo ordenado, antes de que los infantes, en poco tiempo, hayan dejado claro su capacidad de exploración.
Lo que no debe pasar es que nosotros como padres perdamos la paciencia y nos dejemos llevar por la frustración emocional y visual de que nuestra casa con niños pequeños y una paternidad o maternidad compartida con nuestros deberes laborales, nos desborde al quererla ver perfecta.
Debemos ver todo con cierto deportivismo. Debemos hacer lo que podamos hacer según las fuerzas que nos quedan luego de jugar con nuestros hijos, luego de darles de comer o de hacer tareas de la escuela con ellos. Según la edad de los niños, involucrándolos en hacer las cosas de la casa, pero recuerde, que no lo harán bien en el principio, ya que estarán aprendiendo, y tocará rehacer más de una vez lo que ellos ya terminaron. Con paciencia, pues estamos educando, formando, conduciendo.
El padre o madre equilibrista trata de mantener todo perfecto. Si tiene toda la energía para mantener todo en orden, tener buen humor, generar un ambiente agradable y tener su trabajo al día, pues es un don especial de mucha energía. Está bien. Pero si por mantener el hogar y todo en perfecto equilibrio, descuida a sus pequeños (como dice el dicho: “la cuerda se rompe por el lado más débil”), o se torna en un ogro u otra, entonces algo está marchando no muy bien.
Tratemos de que en los primeros años al menos, la prioridad sea tener una familia feliz, y bien atendida, más que una casa hecha una perfección. Llegará el día en que, luego de una paciente enseñanza, sus hijos también contribuyan.
Recuerde que sus hijos no siempre serán pequeños. Sus hijos se irán algún día, y la casa seguirá allí. El trabajo seguirá. Siempre habrá algo que hacer. Pero sus hijos crecerán y se irán. Ni siquiera debe esperar a que sean jóvenes, sino que en la misma adolescencia, pasarán más tiempo en la escuela, con sus amigos o con sus actividades, antes que con usted. Aproveche el tiempo con ellos.
Trate a sus hijos pequeños como quiere que ellos lo traten a usted, cuando usted ya esté viejo. Pase tiempo con ellos, juegue con ellos, sea feliz con ellos; invierta tiempo en la educación de ellos, no solo ayudándoles a hacer las tareas escolares, sino lavando los trastes juntos, pero sin reniegos, sino con una sonrisa, conversando, poniéndose al día del tiempo en que estuvieron separados.
Abrace a sus hijos y que sientan que usted los ama. Esto también hágalo según sus fuerzas.
Excelente pastor, el mensaje llegó en el momento oportuno. Dios lo bendiga siempre.
ResponderBorrargracias por el mensaje... que bueno!!!
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