CRECIENDO JUNTOS - LOS CONFLICTOS DE NUESTROS HIJOS - Dr. Yván Balabarca


Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres (Lucas 2:52). Este versículo del evangelio de Lucas nos da varias luces. Primero, la palabra “crecer” se puede traducir del griego también como avanzar, progresar. Es decir los niños crecen, pero no solo como la hierva del campo, sino venciendo desafíos y logrando vencer dificultades a cada etapa.


Uno de los aspectos en los que deben crecer nuestros hijos es la “”sabiduría, es decir, la capacidad de darse cuenta de lo que es bueno y de lo que es malo. Allí estaremos los padres para guiarles y educarles en este aspecto. También el niño crecerá en estatura, es decir, edad, años de vida, estatura, madurez. Madurará en su manera de conducirse, de conversar, de relacionarse con sus semejantes.


Otro ultimo aspecto en el que crecerán es la gracia, es decir, en su amabilidad, en su buena voluntad, para con Dios y con sus semejantes. Es decir, en caerles bien a los demás, pero no siendo un esclavo de lo que otros opinen, sino en su manera de ser corteses, cordiales, y firmes.


Nuestros hijos precisan ser acompañados en su crecimiento. Nosotros como padres necesitamos aprender acerca de cómo acompañar el desarrollo de nuestros pequeños. Una de las teorías del desarrollo humano más usadas y aceptadas es la que propuso Erik Homburger Erikson. El fue un psicólogo estadounidense, nacido en Alemania. El se destacó en varios aspectos, pero su gran aporte fue su teoría psicosocial del desarrollo humano.



En su teoría propone que el ser humano atraviesa por 9 etapas, a las cuales se llama estadío psicosociales. Éstas son crisis o conflictos en el desarrollo de la vida, naturales, a los que todos nosotros hemos de enfrentarnos, o ya lo hemos hecho. Esto es una gran herramienta que nos servirá como padres para poder adelantarnos al desarrollo de nuestros hijos a fin de poder esperarles preparados para poder orientarlos y ayudarlos.


Los conflictos son los siguientes:


Confianza vs desconfianza. 


Este estadío se desarrolla entre el nacimiento y los 18 meses de edad. A esa edad lo bebés precisan vivir en vínculos que se establecerán con los padres que lo acompañarán a lo largo de la vida. Los nenes precisan desarrollar confianza, satisfacción, seguridad al estar cerca de sus padres. De no tener una relación adecuada, lo que se puede desarrollar es vulnerabilidad y frustración. 


Los padres aquí debemos aprovechar lo sensorial de nuestros hijos. Aquí corresponde abrazar al bebé, acariciarle, hablarle, cantarle, jugar juegos para su edad. Aquí sus hijos no precisan ser disciplinados, sino, acompañados. Sus hijos deben hacer vínculos con la voz del padre y de la madre; con sus toques de cariño y su presencia. 


Autonomía vs vergüenza y duda.


Este conflicto se desarrolla entre los 18 meses a los 3 años de vida. La idea es que durante esta etapa los pequeños desarrollen algún grado de autonomía, a pesar de las dudas o vergüenza que se puedan sentir.  La autonomía se logra permitiendo que los niños exploren y manipulen su miedo, con la compañía y supervisión de los padres y tutores. 


En estos días lo que se quiere es que los padres estemos con los niños, acompañándoles en sus exploraciones para poder prevenir sus errores. Cubrir los toma corriente con tapones de seguridad, acompañarles en las calles, tomándoles de sus manos, para que no se caigan y puedan mantener el equilibrio en los pequeños muros. Jugando sus juegos y no los nuestros necesariamente. Levantando juntos lo que arrojen al suelo por su exploración de la causa y el efecto. Cantando, riendo y hablando juntos.


Iniciativa vs culpa. 


Este conflicto de desarrolla entre los 3 y 5 años. Lo niños crecen más seguros a través del nuevo, desarrollando su aspecto social. La idea es que los niños logren sentirse confiados y capaces de liderar a otros. La culpa viene cuando reconocen que algo han echo mal. Cuando esta culpa es excesiva, puede que el niño deje de desear afrontar los desafíos. 



Esta es la etapa de jugar juntos ayudándoles a resolver sus pequeños conflictos, enseñándoles a como hacer los deberes pequeños de la casa. Decirles que son especiales y que su valor no está en lo que la gente fuera de casa dice o afirma de ellos, sino lo que Dios considere de ellos y sus padres: que son valiosos, que son inteligentes y obedientes. Recuerde que muchos niños van al kindergarten y muchos reciben los primeros comentarios negativos, por ello los padres deben estar atentos para fortalecer su autoestima y sus necesidades de afecto. 


Laboriosidad vs inferioridad 


Este conflicto se desarrolla entre los 5 y 13 años de edad. Es cuando el cerebro va madurando más, ya que comienza a madurar en el manejo de abstracciones. Las tareas que van desarrollando son más exigentes y esperan recibir el reconocimiento asociado. 


Allí están los padres para conversar. Las reglas pasan de ser meras aseveraciones, para comenzar, al final de esta etapa, a justificar las reglas por diversos motivos: seguridad, recompensas, consecuencias naturales. Lo ideal aquí es no dejar de ser significativos, y eso se logra jugando con los niños y ayudándoles a resolver sus consultas y dudas. No olvide de afirmar que son especiales y díganles claramente por qué lo son: Porque son hechos por Dios, porque son inteligentes, porque son obedientes, porque son hábiles, etc. no de por sobreentendido esto. Los niños se olvidan las cosas, y hay que repetírselas a cada momento, con amor y paciencia. 


Hay que enseñarles cuestiones más complejas de la vida práctica, y no perder la paciencia. Esta es la etapa en la que nosotros como padres debemos hacer las tareas domésticas, felices, porque ellos aprenderán lo mismo por imitación. 


Identidad vs difusión de identidad. 


Este conflicto se desarrolla en la adolescencia, que va entre los 13 y los 19 años. La pregunta clave aquí es “¿quién soy?”. Es por ello que los adolescentes ensayan peinados, modos de vestir, respuestas aprendidas de otras fuentes, etc.  La independencia es la que aparece, y comienzan a separarse de los padres. Los amigos son parte de su día a día y el fantaseo por el futuro, ala preguntas existenciales toman lugar en su dialogo. Puede pasar que por sus vivencias lleguen a sentirse confusos y lo manifiesten con conductas que pueden parecer novedosas o hasta desafiantes. 



Es la hora de negociar con los hijos, dejándoles la idea del “gano, ganas”. Es la época del lema: “regla sin razón produce rebelión”. Quizás no se trata de jugar ya juegos infantiles, sino juegos de mesa, pero no con el ánimo de ganarle a los hijos, ni tampoco dejarse ganar, sino con el ánimo de conversar, de llevarse bien, de pasar tiempo de calidad juntos. 


Intimidad vs aislamiento


En esta etapa, nuestros hijos alcanzan la juventud, desde los 20 años. Comienzas la búsqueda de alguien que los ame, y con quien puedan ejercer un compromiso saludable recíproco e íntimo, seguro, de confianza y de compañía.  


Nuestro rol de padres es el de acompañar, aconsejar y seguir juntos como padres y amigos para orientar a nuestros aun inexpertos hijos en la elección de la persona que le acompañará. Habrá desaciertos y aciertos, pero allí estarán sus padres para ayudar, aconsejar y consolar. 



Hay más conflictos que pasa el ser humano luego de los 20 años, pero eso corresponde estudiar a los novios o cónyuges. 


En cuanto a nuestros hijos, es preciso que nosotros como padres aprendamos de esto, mucho más, para poder acompañarlos, sin cometer tantos errores y no aplicar la disciplina que no corresponde a la edad de ellos. Una cosa es un adolescente y otra es un niños pequeño. Debemos adaptarnos para poder criar a cada uno según su edad y su madurez. 

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