Solo para mujeres: “Me dicen que soy controladora… pero yo no me doy cuenta”


A veces una mujer no se considera controladora. Ella piensa: “Solo quiero que las cosas salgan bien”, “si no lo hago yo, nadie lo hace” o “solo estoy tratando de ayudar”. Pero quienes viven cerca pueden sentir presión, vigilancia o falta de libertad.

Ser organizada, responsable o cuidadosa no es lo mismo que controlar. El problema aparece cuando sentimos que todo debe hacerse como nosotras pensamos para poder estar tranquilas.

Una primera señal es esta: te cuesta mucho aceptar que alguien haga las cosas de otra manera, aunque el resultado también sea bueno. Corriges detalles pequeños, vuelves a hacer lo que otra persona ya hizo o das instrucciones constantemente.

Otra señal es necesitar saber demasiado: dónde está la otra persona, qué está haciendo, con quién habló, por qué tardó, qué decidió y por qué no consultó antes. Interesarse es sano; vigilar constantemente puede desgastar las relaciones.

También puedes observar tus reacciones cuando alguien dice “no”. Si te enojas, haces sentir culpable a la persona, insistes hasta que cambie de opinión o utilizas el silencio para castigar, quizá ya no estás simplemente expresando una necesidad.

Una pregunta muy útil es: “¿Estoy aconsejando o estoy intentando decidir por la otra persona?”

Para comenzar a cambiar, prueba algo práctico: durante una semana, antes de corregir a alguien, pregúntate: “¿Esto realmente está mal o simplemente no se está haciendo como yo lo haría?”

Aprende también a hacer peticiones en lugar de dar órdenes. En vez de: “Haz esto ahora”, puedes decir: “¿Podrías ayudarme con esto antes de las seis?”. Parece pequeño, pero cambia mucho el ambiente.

Y deja espacios donde los demás puedan tomar decisiones, equivocarse y aprender. Amar también significa permitir que otros tengan criterio propio.

Desde la fe, Filipenses 2:4 aconseja: “No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.” Eso implica escuchar, considerar y respetar la perspectiva ajena.

Si varias personas que te aman te están diciendo lo mismo, no tienes que sentirte atacada. Puedes preguntarte con calma: “¿Qué están viendo ellos que quizá yo todavía no veo?”

El objetivo no es perder firmeza ni convertirte en alguien pasivo. Es aprender a cambiar control por confianza, órdenes por diálogo y tensión por cooperación.

Y una frase puede ayudarte mucho: “No todo tiene que estar bajo mi control para que todo esté bien.”

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